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Galeria de Arte Tavo Juarez
Franja típica, traje de Loy

sábado, 22 de octubre de 2011

Alguna vez nos atrevimos a buscar la Primavera, y soñamos...




 Fuente: Video: Prensa Libre - Texto: Movimiento Ilustrado
El período comprendido entre 1944 y 1954 es conocido en la historiografía nacional como la 
«Primavera Democrática».

Luego de los acontecimientos que derrocarían a Federico Ponce Vaides en Octubre de 1944, la Nación entraría en un período de profundos cambios sociales, económicos y políticos cuyo análisis produce, aun hoy, acalorados debates entre economistas, politólogos e historiadores tanto dentro como fuera de las fronteras guatemaltecas.

El primer gobierno nacido de la Revolución de Octubre fue el del Dr. Juan José Arévalo Bermejo, en el que se consideraba como el primero de los comicios transparentes en la historia de la República hasta entonces.

Durante su gestión, conocida como el Primer Gobierno de la Revolución, se produjeron cambios sociales de gran importancia en la vida de los guatemaltecos: creación del Ministerio de Trabajo, el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS), y la popular Colonia El Maestro; un conjunto de casas donadas por el gobierno a los profesores de Guatemala.

El gobierno de Arévalo se caracterizó por una amplia libertad política tanto de expresión como en organización. En las ciudades, la creación de sindicatos fue acompañada por leyes laborales que favorecieron en gran medida a las clases medias y bajas, aunque estas ventajas no se lograron percibir en las áreas rurales agrarias donde sus condiciones aún eran duras. Mientras que el gobierno hizo algunos esfuerzos por mejorar los derechos de los campesinos, su situación no alcanzaría cotas importantes sino a través de una reforma agraria a gran escala. La carencia de esta reforma fue una debilidad importante durante su administración, y un problema que su sucesor, Jacobo Árbenz Guzmán, trato de enfrentar.

Árbenz asumió la Presidencia de la República de Guatemala el 15 de marzo de 1951 pronunciando este discurso:

«Nuestro gobierno se propone iniciar el camino del desarrollo económico de Guatemala, tendiendo hacia los tres objetivos fundamentales siguientes: convertir a nuestro país de una nación dependiente y de economía semicolonial en un país económicamente independiente; convertir a Guatemala de país atrasado y de economía predominantemente semifeudal en un país moderno y capitalista; y hacer que esta transformación se lleve a cabo en forma que traiga consigo la mayor elevación posible del nivel de vida de las grandes masas del Pueblo».

Las principales acciones que tenderían a la industrialización de la Nación eran:

* Construcción de la hidroeléctrica Jurún-Marinalá, en Escuintla.
* Construcción de la Carretera al Atlántico.
* Construcción del Puerto de Santo Tomás, bajo el nombre de «Matías de Gálvez».

La mayor ambición del gobierno de Árbenz era la Reforma Agraria (Decreto 900). Con ella se pretendía erradicar la relación de latifundio-minifundio que existía en Guatemala desde la colonia. La mayoría de la población apoyaba la idea, salvo los grandes terratenientes.

Jacobo Árbenz, acusado de conspiración comunista, no se inspira, sin embargo, en Lenin sino en Abraham Lincoln. Su Reforma Agraria, que se propone modernizar el capitalismo en Guatemala, era incluso más moderada que las leyes rurales norteamericanas de hacía casi un siglo.

El más férreo opositor a la Reforma Agraria fue la United Fruit Company, transnacional de capital estadounidense con operaciones en toda Latinoamérica, y que, en en Guatemala, poseía una gran cantidad de tierras (cerca del 70% de la tierras cultivables). La United Fruit Company se había radicado en Guatemala durante la dictadura de Manuel Estrada Cabrera (1898-1920), que le cedió grandes extensiones de terreno a precios irrisorios.

La Reforma Agraria, emprendida por Árbenz en 1952, se proponía expropiar tierras ociosas de grandes latifundistas para darlas en usufructo a quienes no las tuvieran. Este procedimiento se lograba por medio de los Comités Agrarios Locales, los cuales recibían denuncias de tierras en estado ocioso, que pasaban a los Comités Departamentales y finalmente al Departamento Agrario Nacional. La Reforma pretendía permitir a los campesinos tener tierras para trabajarlas, procurando así que el desarrollo alcanzara a la mayor cantidad de personas posible, al darles la oportunidad de generar sus propios ingresos. Uno de los aspectos negativos de La Ley de Reforma Agraria fue su errónea interpretación inicial por parte de muchos campesinos, pues esto trajo consigo algunos abusos, como la invasión violenta de tierras.

Ley de Reforma Agraria alcanzó los intereses de la United Fruit Company, afectando a las tierras sus cultivar. Ésta expropiación sería indemnizada con bonos a largo plazo. Un mecanismo ampliamente utilizado por la UFC era comprar a precios bajos grandes cantidades de tierras en América Central. Esto era una herramienta para evitar que surgieran competidores y mantener así un monopolio sobre la producción de plátanos, inclusive conservando extensas zonas agrícolas sin cultivar bajo pretexto que sequías o huracanes le obligaban a mantener «en reserva» grandes extensiones de terreno sin usar, aunque la finalidad era evitar una sobreproducción que redujera los precios del plátano. Tal política implicaba una oposición frontal de la United Fruit Company a todo tipo de reparto de tierras en Centroamérica, inclusive si éstas afectaban a sus fincas sin cultivar.

Tras una serie de protestas formuladas por la UFC ante el gobierno de Estados Unidos contra el nuevo presidente guatemalteco, Washington delegó en la CIA la resolución del conflicto. Para legitimar sus reclamos, la United Fruit Company acusaba a Arbenz de pretender alinear a Guatemala con la Unión Soviética, para lo cual se ofrecía a apoyar su derrocamiento, invocando que un golpe de estado era necesario «en beneficio de los intereses de los Estados Unidos». Para sustentar sus reclamos, el director de la CIA estadounidense acusó al régimen de Arbenz de «tentáculo del comunismo» y justificó así que EEUU patrocinase su derrocamiento en concordancia con la Doctrina Truman.

La posición de la Agencia Central de Inteligencia en relación al conflicto revestía, sin embargo, un conflicto de intereses: Allen Dulles, director de la CIA en ese entonces, era además socio de la firma de abogados que patrocinaba a United Fruit Company en Estados Unidos, por lo que se sospechó desde el inicio que su verdadera motivación para acusar a Arbenz de «amenaza comunista» era simplemente proteger los beneficios de su cliente aun causando una seria crisis política en el extranjero para ello.

Muchos de los empleados gubernamentales vinculados al Departamento de Estado de EEUU, y con influencia en la política exterior estadounidense, tenían intereses personales en la UFCO al ser simultáneamente sus abogados, lobbystas, o representantes en los EEUU, lo cual hizo dudar prontamente de los reales motivos para derrocar a Jacobo Árbenz. A pesar de todo ello, el poder mediático de la CIA era mucho mayor que el del gobierno de Guatemala, por lo que las denuncias sobre el conflicto de intereses carecieron de resonancia, y todos los intentos de aclaración por parte del gobierno guatemalteco fueron infructuosos.

Influenciado por la CIA, el Presidente los Estados Unidos, Dwight Eisenhower, considera un atropello que el gobierno de Guatemala se tome en serio los libros de contabilidad de la United Fruit Company, en los que se registraba el precio irrisorio que ésta había pagado por las grandes extensiones de terreno que poseía en Guatemala, pues aquél sería tomado como base para la indemnización producto de la expropiación: Arbenz pagaría el valor que la propia empresa había atribuido a sus tierras. John Foster Dulles, Secretario de Estado y hermano de Allen Dulles, exige veinticinco veces más.

En 1953 la CIA da inicio a la operación PBSUCCES, y el 19 de febrero de 1954 comienza un plan para plantar armas soviéticas falsas en Nicaragua con destino a Guatemala, lo que «demostraría» los nexos de Guatemala a Moscú.

En mayo de 1954, armas checoslovacas arribaron secretamente a Guatemala a bordo del barco sueco Alfhem, bajo manifiesto falseado, tanto como su carga. Estados Unidos tomó esto como prueba irrefutable de los nexos de Árbenz con los soviéticos. Los checoslovacos suministraron un arsenal de armas nazis de la Segunda Guerra mundial, por un pago efectivo hecho por la CIA. El gobierno de Árbenz denunció el complot internacional para quitarlo del poder, sin que sus alegatos encontrasen eco en la comunidad internacional.

Con el apoyo de la CIA, el Teniente Coronel guatemalteco Carlos Castillo Armas invadió su propio país con tropas pertrechadas por Estados Unidos. La Invasión fue respaldada por cuatro aviones norteamericanos que ganaron la guerra psicológicamente.

La maniobra militar alcanzó su cenit cuando la noche del 27 de junio de 1954 Árbenz fue obligado a dejar el cargo y a exiliarse primero en México, después en Suiza y Francia. A su renuncia, Árbenz pronunciaría este discurso:

«Ellos usaron el pretexto del anticomunismo. La verdad es muy otra: la verdad se encuentra en los intereses comerciales de la United Fruit Company y otros monopolios que han invertido dinero en Latinoamérica y temen que el ejemplo de Guatemala podría ser seguido por otros países latinoamericanos.

Yo fui elegido por la mayoría de la población de Guatemala, pero he tenido que lidiar con condiciones difíciles. La verdad es que la Soberanía de un pueblo no puede ser defendida sin los materiales económicos necesarios. Asumí la Presidencia con gran fe en el sistema democrático, en la libertad y en la posibilidad de lograr mejoras económicas para Guatemala. Continuo creyendo que mi programa es justo.

Tengo fe en que no he violado las libertades democráticas, la libertad de Guatemala o cualquier producto en el que esté basado el futuro de la Humanidad».

Antes de abandonar Guatemala de manera obligada, Árbenz y su familia fueron obligados a desvestirse en el aeropuerto y sometidos a humillación, en lo que fue considerado como una afrenta innecesaria.

Un testimonio de los días de la renuncia de Árbenz y de su asilo en la Embajada de México, quedó registrado en la novela «Hombres con Alas de Cera» de Óscar René Cruz Oliva.

En 2001 la televisión canadiense hizo público el documental «A Coup: Made in America (Golpe: hecho en América)», producido por Alan Mendelsohn y Nadine Pequeneza, en que se narra el conflicto de intereses que involucró a la CIA en el derrocamiento de Árbenz, mismo que ocasionó el fin de la primera experiencia democrática desde la fundación de la República (1847) y propició el inicio del Conflicto Armado Interno (1960).

En octubre de 2011 fue inaugurada en el Palacio Nacional de la cultura una sala de exposiciones con una recopilación fotográfica que recoge la vida y obra de Jacobo Árbenz Guzmán.

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